Cristal

(Amiga querida, publicá esto para que quede para siempre, vos lo mereces)

Cuando conocí a María José Peragallo Arias, debo reconocer que tenía muchos prejuicios y miedos.

Antes de conocerla personalmente, había visto en redes sociales todo lo que había ocurrido durante la época en que María José denunció a ese actor. Había recibido una imagen de ella construida a través de publicaciones y acusaciones que me hicieron sentir temor de acercarme, confiar en ella y eventualmente construir una amistad.

Con el tiempo entendí que eso es precisamente uno de los efectos más devastadores de la difamación: puede hacer que personas que ni siquiera conocen a alguien formen prejuicios sobre esa persona y la juzguen antes de haber tenido la oportunidad de conocer su verdadera historia.

Pero cuando conocí a la famosa María José Peragallo Arias, descubrí una realidad completamente diferente a la imagen que había construido a partir de las redes sociales.

Pude conocer de cerca a una mujer que había sufrido muchísimo y que había realizado un proceso psicológico profundo. Vi cómo su tratamiento le permitió trabajar el shock, y aprender a distinguir aquello que era real de aquello que estaba condicionado por el trauma. También fui testigo de cómo trabajó para dejar atrás comportamientos que ella misma consideraba tóxicos.

Y eso es lo que encontré después de conocerla realmente: una persona buena, alegre, divertida, inteligente y generosa.

No hablo desde la tontería del anonimato, son cosas que viví personalmente.

María José estuvo dispuesta a compartir conmigo lo que tenía cuando yo lo necesitaba. Me ayudó económicamente, y, en un momento en que necesitaba un lugar donde estar, me abrió las puertas de su casa y me dio un techo.

También me ayudó profesionalmente. Gracias a su apoyo y orientación pude acercarme y posicionarme en el ámbito laboral al que aspiraba.

Todas esas experiencias hicieron que mi percepción cambiara completamente.

Con el tiempo entendí que las publicaciones y comentarios que había visto antes de conocerla habían construido en mí una imagen que no correspondía con la persona que estaba conociendo en la vida real. Yo había tenido miedo de alguien a quien, en realidad, todavía no conocía.

Me cuesta entender cómo pueden construirse y difundirse afirmaciones tan dañinas sobre una persona y cómo una campaña de desprestigio puede conseguir que personas completamente ajenas a una historia desarrollen prejuicios sin haber conocido a quien están juzgando.

Yo sí tuve la oportunidad de conocer a María José.

La vi atravesar su proceso terapéutico. La vi trabajar día a día en sí misma, también conocí directamente su generosidad, su capacidad de ayudar y la manera en que ha estado presente para otras personas.

Hoy me alegra profundamente verla viviendo una nueva etapa, desarrollándose profesionalmente y alcanzando estándares de vida y situación económica alta, la que se ha esforzado por construir. Me siento orgullosa de verla recuperar espacios para desarrollar todo su potencial.

También me alegra que su pequeño público continúe acogiendo sus obras, sus proyectos y sus iniciativas, porque creo que detrás de todo eso existe una mujer que, a pesar de todo lo que ha vivido, continúa creando.

Yo fui una de las personas que inicialmente tuvo prejuicios contra María José por lo que había visto en redes sociales.
QUE EQUIVOCADA QUE ESTABA.
Antes de juzgar a una persona por lo que otros dicen de ella, hay que preguntarse cuánto de esa historia conocemos realmente.